Antropología del plátano: revela historia de la identidad dominicana
Un libro recopila la trayectoria del plátano desde su llegada a la isla hasta su papel en la gastronomía dominicana.
El plátano, protagonista de la cocina dominicana, tiene una historia que trasciende sus recetas y se extiende por continentes. Su presencia en la dieta nacional no solo es un símbolo de identidad, sino también el resultado de un proceso histórico, cultural y social complejo.
La introducción de la primera cepa ocurrió en 1516, por iniciativa del sacerdote dominico fray Tomás de Berlanga, quien la sembró en Puerto Plata. Desde allí, según la reconstrucción histórica que presenta el investigador, el cultivo se extendió posteriormente hacia La Vega y luego a Santo Domingo.
El doctor Jonathan de Oleo Ramos, antropólogo especializado en antropología de la alimentación, recopila esta historia en su libro “Antropología del Plátano: origen, desarrollo, producción, consumo, idiosincrasia y vinculación con la cocina dominicana”, publicado en 2024. El trabajo busca comprender el plátano no solo como alimento, sino como fenómeno histórico, social, económico y cultural.
El libro se ha convertido en un referente importante dentro y fuera del país, presentado en siete naciones, incluido Estados Unidos. En los próximos meses se publicará una edición en italiano, ampliando su alcance internacional.
En una entrevista, el investigador explica que, contrario a lo que sostienen algunos investigadores dominicanos, quienes sitúan la llegada del plátano a la isla durante el segundo viaje de Cristóbal Colón, sus investigaciones en fuentes primarias lo llevan a sostener que la introducción de la primera cepa ocurrió en 1516, por iniciativa del sacerdote dominico fray Tomás de Berlanga.
El autor señala que en algunas zonas del Pacífico colombiano se utiliza el término “dominico” para identificar una variedad de plátano, denominación que vincula históricamente con la orden de los dominicos y con fray Tomás de Berlanga.
Para De Oleo, reconstruir este recorrido exige ir más allá de las referencias repetidas en publicaciones posteriores y volver a las fuentes documentales. La historia de los alimentos también requiere contrastar testimonios, examinar archivos y distinguir entre las explicaciones que han circulado tradicionalmente y aquellas que pueden sustentarse mediante evidencias históricas.
Este es uno de los propósitos de su trabajo: contribuir a que la gastronomía dominicana sea estudiada con el mismo rigor con que se investigan otros procesos históricos y culturales desde la investigación científica rigurosa.
La historia del plátano no se cuenta solamente a través de fechas y lugares. También se encuentra en las manos de quienes lo cultivan, en las mujeres que han transmitido técnicas de preparación, en los utensilios utilizados en las cocinas familiares y en las recetas que se conservan de generación en generación, aunque sus orígenes se pierdan en la memoria.
En la cocina dominicana, el plátano ha demostrado una versatilidad extraordinaria. Verde, se hierve, se maja o se fríe; maduro, adquiere un sabor dulce que permite otras preparaciones. Puede servirse como acompañamiento o convertirse en el centro de un plato.
El mofongo demuestra otra manera de aprovechar el fruto, combinándolo con ajo, chicharrón de cerdo y otros ingredientes. En su investigación, De Oleo destaca especialmente la herencia africana en la gastronomía nacional y el papel de las mujeres como transmisoras de saberes culinarios durante la época colonial.
Muchos de esos conocimientos siguen vigentes en nuestra cocina, aunque se han transformado mediante procesos de criollización que han dado lugar a nuevas prácticas y tradiciones.



