Martes, 27 de octubre de 2026
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Bethany Ehlmann, experta en Marte: No hay una Tierra 2.0 allí

La científica planetaria Bethany Ehlmann advierte que Marte no alberga una Tierra 2.0, aunque podría ser habitable con tecnología adecuada.

Imagen de Marte capturada por la nave espacial Perseverance.
Imagen de Marte capturada por la nave espacial Perseverance.

No hay una Tierra 2.0 en Marte

Bethany Ehlmann, experta en ciencias planetarias, lo resumió en una entrevista con EFE durante la octava edición del festival científico Starmus en Tenerife. Según la científica, aunque Marte tuvo lagos, ríos y sistemas hidrotermales, conserva hielo y, aunque aún no está confirmado, podría tener agua bajo su superficie, pero se debe rebajar parte de la expectativa sobre su colonización.

Geóloga de formación, Ehlmann dirige el Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado Boulder, preside The Planetary Society y ha sido investigadora del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. Pertenece al grupo que quiere explorar Marte con seres humanos, pero reconoce las dificultades.

Sostiene que sería difícil vivir en una colonia marciana debido a su atmósfera muy tenue. Si hubiera una colonia, los humanos tendrían que vivir en estructuras construidas por ellos, como una cúpula. Aunque el suelo marciano podría servir para cultivar si se le aporta fertilizante orgánico, la temperatura en el ecuador fluctúa entre 20 ºC y -7,0 ºC.

Ehlmann describe a Marte como un mundo de extremos, pero también como la memoria de otro planeta con un registro geológico que permite preguntarse si alguna vez albergó vida. Aunque estamos en las primeras etapas de la búsqueda de vida en Marte, parte de la respuesta puede encontrarse en las muestras recogidas por el rover Perseverance.

Algunas muestras muestran características compatibles con biofirmas, pero para confirmarlo se requiere traerlas a la Tierra y analizarlas con instrumentos más precisos. No se busca huesos de dinosaurios, sino formas de vida microscópicas, posiblemente del tamaño de un cabello humano o incluso menores.

El reto es encontrar esas huellas extremadamente sutiles y distinguirlas de procesos químicos o geológicos. Además, es difícil saber qué aspecto tendría la vida en otro mundo, ya que solo tenemos un tamaño de muestra: la Tierra.

Por eso la exploración comienza con la identificación de hábitats y químicas que puedan indicar procesos biológicos. Aunque Ehlmann admite que solo seguir investigando permitirá saber hasta qué punto estamos sesgados por nuestra experiencia.

La científica también destaca la necesidad de extremar la cautela para asegurarse de que cualquier señal interesante encontrada en otro mundo procede realmente de allí y no de microorganismos o materiales transportados desde la Tierra. Además, cree necesario preservar esos entornos para futuras generaciones, actuando como si pudiera haber vida allí, a pesar de que aún no se sepa si existe.

Al ser preguntada sobre si le resultaría más inquietante descubrir que no estamos solos o confirmar que sí lo estamos, Ehlmann respondió: “Creo que lo aterrador sería que estuviéramos solos en el universo. Sería casi increíble”.

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