Buzos de Duquesa: acusados de reciclar en vertedero de Santo Domingo
Cerca de 1,600 personas reciclan en el vertedero de Duquesa, en Santo Domingo Norte, para sobrevivir y sostener la economía informal del país.
Entre el estigma social, la insalubridad y la falta de oportunidades, unos 1,600 hombres y mujeres se adentran diariamente en los depósitos de desperdicios del Gran Santo Domingo para reciclar, sobrevivir y sostener parte de la economía informal del país.
Sus edades, géneros e ideologías no podrían ser más opuestos; sin embargo, comparten la misma indumentaria, los mismos hábitos y la misma urgencia cotidiana: descifrar cómo ganarse el pan día a día. En el último eslabón de la economía, donde la supervivencia formal e informal se desdibuja, resisten “los buzos”: los guardianes silenciosos de los desperdicios urbanos.
¿Pero qué es un buzo, cuál es su función y el origen del nombre? En la República Dominicana y otros países de América Latina, el término “buzo” define a la persona que se dedica a buscar, clasificar y recolectar materiales de valor a nivel económico (reciclaje) en vertederos a cielo abierto, en relleno sanitarios, en zafacones de calle y vertederos improvisados.
El origen de este vocablo radica en una clara analogía marítima: de la misma forma en que un submarinista se sumerge en las profundidades del mar en busca de tesoros u objetos ocultos, el buzo urbano se adentra metafóricamente entre la marea de basura para extraer plásticos, metales, cartón, vidrio o artículos reutilizables que puedan comercializarse.
Esta labor representa una manera extrema de supervivencia económica y constituye el último eslabón de la economía informal en los centros urbanos. Sin saberlo ni recibir un salario formal, estos trabajadores desempeñan un papel operativo crucial en la cadena inicial de recuperación de residuos sólidos, abasteciendo con materia prima a intermediarios, industrias de reciclaje y chatarreras locales que de otro modo recibirían un volumen significativamente menor de material reutilizable.
A pesar de su aporte indirecto a la conservación ambiental y a la gestión de desechos, quienes ejercen esta labor trabajan en condiciones de extrema vulnerabilidad y bajo un constante riesgo biológico. Diariamente se exponen a gases tóxicos en depósitos masivos como el vertedero de Duquesa, cortaduras con materiales punzocortantes, condiciones climáticas inclementes y un profundo estigma social, convirtiendo el buceo en una de las expresiones más complejas y crudas del trabajo informal contemporáneo.
Como si se tratara de la entrada a una empresa con relojes de ponche. Un grupo de buzos espera el paso de algún camión compactador de desperdicios que vaya hacia el vertedero para montarse en la parte trasera a manera de bola y así llegar al lugar.
Aunque para muchos representa un medio de vida honesto, las duras condiciones de vulnerabilidad y el estigma social que rodean al oficio llevan a la mayoría a evitar las cámaras y a pedir que su nombre quede en el anonimato. El buzo con gorro (nombre común para proteger su identidad) tiene más de 20 años en este tipo de trabajo que, aunque es de alto riesgo y sus beneficios son mínimos, es lo único de lo que vive.
Todos los días espera en el mismo lugar cualquier camión de basura en el que se transporta para llegar a un mar de desperdicios en el citado vertedero, ubicado en la localidad Los Casabes, de Villa Mella, del municipio Santo Domingo Norte. “Es un día soleado y con una fresca brisa a pesar del intenso calor. Espero tener un buen día, es lo que hago siempre, aunque me vaya mal”, dice el buzo con gorro.
Aunque sé que este trabajo es duro y sucio, lo prefiero a trabajar en la construcción, o a hacer lo mal hecho. Tengo más de 20 años viviendo aquí en Los Casabes y de este vertedero vive mi familia. Sí soy dominicano', dijo mientras sonreía.
Su atuendo es simple: una sucia camisa manga larga a cuadros de color gris, pantalón largo azul, botas amarillas muy sucias, y un gorro estilo panamá de color verde. En sus espalda y hombros una sucia bolsa gigante de lona, que le sirve para cargar lo que consiga. Aunque no tiene mascarilla ni protección en los ojos, ni guantes, sí usa un pasamontañas que le cubre la mitad del rostro.
El buzo con gorro es recolector de metales y sus ganancias pueden oscilar diariamente entre los 500 y 800 pesos, y hasta 1,000 pesos dependiendo de si el día es bueno o es malo. El clima y las festividades juegan un papel importante para hacer que un día laborable sea bueno o malo. Después de los fines de semana largos la cosa se pone buena.
‘Después de días de lluvias la búsqueda mejora aquí en el vertedero. Lo que pasa es que aquí conseguimos los que los buzos de la ciudad no pueden sacar de los zafacones o los vertederos en las calles. Cuando llueve por lo regular ellos no salen a recoger y todo llega aquí’, finalizó diciendo el buzo.
Aunque en los últimos años el vertedero de Duquesa se ha transformado en un relleno sanitario lo cual ha mejorado considerablemente la vida para los buzos, debido a que los accesos internos están en buen estado y hay lugares donde clasificar y descansar dentro del mismo terreno, la vida sigue siendo dura.
El ambiente en Duquesa es dantesco. Una mezcla indescriptible de malos olores por la putrefacción y descomposición de los desechos, enjambres de moscas gigantescas y garzas que, a pesar de su plumaje blanco, parecen buitres en espera de carroña para comer.
Los hombres y mujeres (buzos) con sus harapos y sacos al hombro, parecen zombis que se mueven de un lado a otro en busca de algo para seguir viviendo. Pero, aunque pueda parecer extraño, es su forma de vida.
‘Este basurero es nuestro trabajo. Aquí desayunamos y comemos, y hacemos nuestras necesidades. Lo que me gusta es que no tenemos jefe, horas de entrada ni de salida, pero tenemos horario de trabajo. Aquí trabajamos cada uno en lo suyo’, explicó de forma conforme el buzo robusto.
Dentro de este marco de vida duro y difícil hay códigos que sin estar escritos son respetados por todos. Algunos de los que recolectan papel o cartón, no le interesa el plástico ni el vidrio, y menos el metal. Aunque por las dificultades económicas de menor abundancia, existen lo que recolectan de todo.
Ahora bien, cualquier cosa de valor que se consiga por lo regular se lo callan y lo dicen tiempo después. Algunos han encontrado, joyas de oro, plata y relojes. También dinero en efectivo. Muchos de los buzos encuentran utensilios, ropas y juguetes que son llevados a sus hogares.



