Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Cangrejos presuntos ayudaron a repeler invasión inglesa en 1655

Según relatos históricos, una migración nocturna de cangrejos ayudó a los dominicanos a repeler a más de ocho mil soldados británicos en 1655.

Imagen simbólica de cangrejos y soldados en la costa dominicana durante la invasión inglesa de 1655.
Imagen simbólica de cangrejos y soldados en la costa dominicana durante la invasión inglesa de 1655.

En 1655, una flota inglesa con más de cincuenta embarcaciones artilladas y miles de soldados intentó anexar las costas de La Española. Las perspectivas iniciales para los habitantes locales eran desfavorables, ya que la fuerza defensiva apenas alcanzaba a 870 hombres, muchos sin experiencia militar.

Ante la amenaza, el gobernador Bernardino de Meneses y Bracamonte, el conde de Peñalba, optó por una estrategia distinta. Recurrió a los lanceros criollos, expertos en el manejo de armas largas en el terreno agreste, para contrarrestar la superioridad numérica de los invasores.

Los lanceros, procedentes del interior, transformaron la vegetación en su mejor aliada. Al abandonar las formaciones europeas, los británicos se convirtieron en blancos fáciles para las emboscadas criollas. Las escaramuzas constantes y las fiebres tropicales afectaron severamente a las tropas invasoras.

La densa vegetación caribeña neutralizó la ventaja tecnológica de los británicos, sumiendo a sus mandos en desesperación. Cada sendero ocultaba una trampa mortal tendida por los defensores locales, quienes dominaban cada rincón del paisaje tropical.

El clímax de la contienda ocurrió en la noche en el campamento de Haina. Un eco extraño y continuo retumbó entre los árboles, asemejándose al chasquido metálico de un ejército preparándose para el asalto. En realidad, era la migración nocturna de millares de cangrejos en busca de alimento.

Los soldados británicos, agobiados por la tensión y la fatiga, confundieron el bullicio de los crustáceos con la marcha de los lanceros criollos. Dominados por un pánico irracional, rompieron filas y abandonaron su armamento para huir hacia la playa.

La desbandada generalizada sepultó las ambiciones coloniales de Oliver Cromwell en la zona. La maltrecha escuadra redirigió su rumbo hacia el sur y terminó ocupando la isla de Jamaica. El éxito defensivo desató un júbilo entre la población insular, que conmemoró la fecha cada 14 de mayo.

Con el tiempo, los ciudadanos reunieron fondos para fabricar un Cangrejo de Oro destinado a los altares catedralicios. Esta joya encabezó procesiones anuales hasta su misteriosa desaparición durante la ocupación francesa. Diversos relatos señalan que el general Leclerc se lo obsequió a su esposa, borrando su rastro físico de la historia dominicana.

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