Jueves, 15 de octubre de 2026
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¿Cómo reconocer señales de malestar emocional en adolescentes?

Cambios en el comportamiento, descuido personal o irritabilidad pueden ser señales de malestar emocional en adolescentes. La clave está en detectar cuándo estos cambios afectan su vida cotidiana.

¿Cómo reconocer señales de malestar emocional en adolescentes?

Santo Domingo.- El aislamiento, el abandono repentino de actividades favoritas y el descuido personal pueden ser señales de malestar emocional. La clave está en reconocer cuándo esos cambios dejan de ser pasajeros y cómo acercarse a tiempo sin convertir la preocupación en un motivo de conflicto.

Un adolescente que antes disfrutaba salir con sus amigos y ahora evita cualquier encuentro. Otro que abandona sus pasatiempos, deja de interesarse por la escuela o comienza a descuidar su apariencia. También está quien responde con irritación ante preguntas cotidianas o pasa cada vez más tiempo apartado de su familia.

Por separado, algunos de estos comportamientos pueden formar parte de los cambios propios de la adolescencia. Sin embargo, cuando aparecen de forma repentina, se mantienen en el tiempo o comienzan a afectar la vida cotidiana, merecen atención.

El reto para las familias no consiste en interpretar cada cambio como un problema psicológico, sino en aprender a reconocer cuándo el comportamiento de sus hijos podría estar expresando un malestar que todavía no saben cómo comunicar.

La psicóloga clínica Margaret Muñoz identifica entre las principales señales de alerta el aislamiento, los cambios bruscos de ánimo, el descuido físico y las dificultades importantes de comunicación.

Su recomendación apunta a una tarea que comienza antes de que exista un diagnóstico, que es mantener una presencia activa en la vida de los adolescentes y prestar atención a los cambios que se apartan de su comportamiento habitual.

Cuando deja de disfrutar lo que antes le gustaba

Muñoz recomienda prestar atención cuando un adolescente deja repentinamente sus pasatiempos habituales o pierde la motivación para realizar actividades que antes disfrutaba, especialmente si no existe una explicación clara y el cambio se mantiene.

La observación también debe abarcar el entorno escolar. Una disminución del rendimiento, la pérdida de motivación para asistir a clases o una modificación importante en la manera de relacionarse con compañeros y familiares pueden indicar que algo está afectando su bienestar.

En el plano emocional, la especialista señala que también conviene observar los cambios marcados de ánimo, la tristeza, el llanto frecuente, la irritabilidad y la tendencia a encerrarse o evitar el contacto con los demás.

Aunque ninguna de estas señales, por sí sola, permite establecer un diagnóstico, lo importante es identificar si se trata de un cambio significativo respecto a la conducta habitual del adolescente, si persiste y si interfiere con sus actividades, relaciones o responsabilidades.

El malestar emocional no siempre se expresa mediante palabras. En ocasiones, los adultos pueden advertir cambios en la apariencia, los hábitos o el cuidado personal.

El descuido de la higiene, las variaciones importantes en el sueño o el apetito, el cansancio persistente y las molestias físicas recurrentes sin una explicación clara son aspectos que conviene observar y, cuando corresponda, consultar con un profesional de salud.

Muñoz menciona también el uso constante de ropa que cubre gran parte del cuerpo como un posible motivo para prestar atención si existe la sospecha de autolesiones. No obstante, la ropa por sí sola no demuestra que un adolescente se esté haciendo daño: lo que importa es el conjunto de señales y la presencia de lesiones que requieran atención.

Ante cambios físicos o emocionales persistentes, una evaluación profesional puede ayudar a determinar qué está ocurriendo, sin atribuir automáticamente todos los síntomas a un problema de salud mental.

Cómo acercarse sin que la conversación se convierta en un conflicto

Identificar una señal de alerta es apenas el primer paso, pues, la forma en que los adultos reaccionan puede facilitar que un adolescente se abra o hacer que se distancie todavía más.

Muñoz recomienda que los padres mantengan una presencia activa y busquen orientación profesional si no saben cómo comunicarse con sus hijos durante esta etapa. También aconseja evitar abordar determinadas conductas en el momento de mayor tensión y procurar una conversación cuando exista mayor disposición para hablar.

Esto no significa ignorar lo que sucede ni aplazar una intervención urgente. Se trata de elegir un momento tranquilo para conversar cuando no existe un peligro inmediato. En la práctica, acercarse sin juzgar implica escuchar antes de corregir, formular preguntas abiertas y evitar que la conversación se convierta en un interrogatorio.

En lugar de preguntar «¿qué te pasa ahora?» o «¿por qué te comportas así?», un adulto puede decir: «He notado que últimamente prefieres estar solo y que has dejado algunas cosas que disfrutabas. Me preocupa cómo te estás sintiendo. ¿Quieres contarme qué está pasando?».

Si el adolescente no quiere hablar, conviene hacerle saber que puede buscar al adulto cuando esté preparado y mantener abiertas otras oportunidades de conversación. No es necesario resolverlo todo en un solo encuentro.

También es importante evitar las comparaciones, las amenazas, las burlas o expresiones que minimicen lo que siente, como decirle que está exagerando o que sus problemas no son importantes. Escuchar no significa estar de acuerdo con todas sus decisiones. Significa que el adolescente pueda expresar lo que le ocurre sin temor a ser humillado o rechazado.

Cuando la preocupación se convierte en una urgencia

Las expresiones reiteradas sobre no querer vivir, los comentarios acerca de querer morir, las autolesiones o la sospecha de que existe una intención de hacerse daño requieren una respuesta seria e inmediata.

Ante una sospecha de este tipo, los familiares deben preguntar directamente, con calma y sin reproches, si el adolescente está pensando en hacerse daño o en quitarse la vida. Preguntar no debe sustituir la evaluación profesional, pero puede ayudar a identificar la urgencia y abrir una conversación necesaria.

Si existe peligro inmediato, ha ocurrido una lesión grave o el adolescente manifiesta intención de hacerse daño, la prioridad es conseguir atención de emergencia. No se le debe dejar solo mientras se organiza la ayuda. Los adultos deben retirar o asegurar, siempre que puedan hacerlo sin ponerse en riesgo, medicamentos, armas u otros objetos que pudieran utilizarse para hacerse daño.

La supervisión debe ser cercana y proporcional al riesgo, no una vigilancia basada en castigos o amenazas. Si el peligro es inmediato, hay que acudir a un servicio de emergencias o llamar a

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