Israel vota entre el belicismo de Netanyahu o una coalición de centroderecha con militares
Israel se enfrenta a elecciones parlamentarias tras los ataques del 7 de octubre, con Netanyahu y una coalición de derecha como principales contendientes.
Israel acude este martes a las urnas en sus primeras elecciones parlamentarias tras los ataques del 7 de octubre de 2023. El resultado dependerá de si el país se entrega nuevamente a Benjamín Netanyahu, el primer ministro más longevo de su historia, o si se forma una coalición sionista de centroderecha con marcado cariz militar.
El Likud de Netanyahu busca repetir su fórmula de Gobierno junto a la derecha supremacista religiosa, cuya cara más visible es el ministro Itamar Ben Gvir, y partidos ultraortodoxos. Frente a ellos se encuentra un bloque encabezado por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, con la derecha nacionalista de Beyajad y Los Demócratas, considerados de izquierda en Israel y liderados por Yair Golán.
Desde que Netanyahu asumió nuevamente el poder en 2022, Israel ha profundizado una fractura social evidente entre religiosos y seculares, con el instinto nacionalista en su máxima expresión tras los ataques de milicias gazatíes hace tres años, en los que murieron unos 1,200 israelíes y 251 fueron secuestrados.
La ONU acusa a Israel de “genocidio” en su respuesta a los ataques. Esta brutal respuesta, considerada como tal por un comité independiente de la ONU, organización de derechos humanos y parte de la comunidad internacional, ha conllevado un creciente aislamiento internacional del país. Israel, que en el último año inició una guerra contra Irán de escala regional, ha ocupado el sur de Líbano y sigue presionando en la frontera siria.
En ese contexto de convulsión, las últimas encuestas, publicadas el pasado viernes, arrojan que ambos bloques estarían prácticamente empatados, con entre 52 y 56 escaños para los opositores y 50 para la actual coalición de Gobierno, lejos de la cifra mágica de 61 escaños necesarios para gobernar.
Un total de 7.3 millones de israelíes están llamados a votar el martes, incluidos 810,000 residentes en el exterior que deben viajar para ejercer su derecho al sufragio. Las elecciones han contado con una campaña electoral particularmente discreta, en la que Netanyahu ha sido protagonista de escasos actos públicos.
Netanyahu ha agitado con sus declaraciones el avispero bélico con Irán. Una semana antes de las elecciones, cazas israelíes sobrevolaron Siria e Irak hasta la frontera iraní, mientras medios como Financial Times o Axios apuntaban que Netanyahu había solicitado al presidente de EE.UU., Donald Trump, reanudar los ataques contra el país persa, algo que el político republicano descartó por el momento.
El pasado viernes, Netanyahu anunció una contundente operación militar en Cisjordania ocupada después de un ataque armado perpetrado por dos palestinos contra un puesto de control israelí en Hebrón, que se saldó con dos soldados de las FDI y los dos atacantes muertos.
Durante la campaña, Netanyahu ha mantenido que su coalición debe seguir en el poder para acabar “definitivamente” con la “amenaza nuclear iraní” y se ha ufanado del apoyo público de Trump hacia su candidatura. Sin embargo, enfrenta divisiones con sus socios de gobierno.
Por un lado, los partidos ultraortodoxos amenazan con retirarle el apoyo si continúa deteniendo puntualmente a jóvenes jaredíes desertores. Por otro, la formación radical sionista Poder Judío lo ha atacado por no comprometerse a entregar el ministerio de Defensa a su líder, el exconvicto Itamar Ben Gvir, si ganan las elecciones.
Desde el bloque opositor, el general Eisenkot se ha consagrado en su bajo perfil y en un discurso basado en sus dos grandes caballos de batalla contra Netanyahu: realizar una investigación independiente de las supuestas negligencias que derivaron en el 7 de octubre, y el compromiso de obligar a los ultraortodoxos a hacer el servicio militar.
Ni rastro estas semanas, ni en los programas de los partidos israelíes judíos, de la solución de los dos Estados, que promueve la mayor parte de la comunidad internacional para abordar la cuestión palestina, ni sobre la reconstrucción de Gaza, donde Israel ha matado a unos 74.500 palestinos desde 2023, ha arrasado su red de infraestructuras y los suministros siguen entrando a cuentagotas.
La violencia colonial en Cisjordania ocupada sí irrumpió en campaña, pero solo después de que una turba de enmascarados agrediera brutalmente a una fotoperiodista estadounidense y a una delegación diplomática europea.
Tan solo la Lista Conjunta y la Lista Árabe Unida, integradas por palestinos que quedaron dentro de territorio israelí tras la guerra de 1948, proponen alternativas para la ocupación de Cisjordania y la devastación en Gaza. Las últimas encuestas otorgan a ambas listas en torno a 14 escaños que resultarán clave para formar gobierno, ya que, aunque los dos grandes bloques se hayan negado a integrar en sus coaliciones a partidos árabes, ante un previsible escenario de empate, el elefante en la habitación es saber cuál de los dos dará su brazo a torcer para alcanzar el poder.



