Martes, 13 de octubre de 2026
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Manual para reconocer a un fanático dominicano de pelota: de estos no se salva nadie

Un manual detalla las distintas formas en que los dominicanos viven el béisbol, desde el análisis hasta la lealtad inquebrantable.

Fanáticos de pelota en una cancha de béisbol durante un partido.
Fanáticos de pelota en una cancha de béisbol durante un partido.

Ya se siente la brisita de la pelota invernal en República Dominicana, y con ella regresa una tradición que reúne a familias, amigos y comunidades alrededor de los seis equipos que disputan el torneo. Cada temporada trae emociones, discusiones, cábalas y, sobre todo, distintas formas de vivir el béisbol.

Porque no todos los fanáticos viven la pelota de la misma manera. Está el que analiza cada jugada, el que sufre en silencio, el que discute con el árbitro desde la sala y el que tiene sus propias cábalas para que el equipo gane. En este manual repasamos algunos de los tipos de fanáticos dominicanos de pelota que aparecen cada temporada.

No trabaja para el equipo, pero siempre sabe qué hacer. Remate: No tiene contrato, pero tiene la alineación completa. Donde llega, se sabe a qué equipo le va.

Grita, canta, relaja al rival y convierte cualquier jugada en un espectáculo. Remate: El juego puede estar tranquilo. Él nunca. Cuando pierde su equipo, él también desaparece. Remate: El equipo perdió el juego. Él perdió las ganas de aparecer.

Y él responde con promedio, carreras impulsadas, bases por bolas y hasta los enfrentamientos anteriores. Remate: Si le preguntas la hora, te responde con un promedio. No necesita que su equipo gane para seguir ahí.

Celebra las victorias, aguanta las derrotas y vuelve al próximo juego como si nada. Remate: Porque ser fanático también es quedarse cuando no toca celebrar. Para este fanático, si funcionó una vez, se repite.

- Ganó sentado en una silla: esa silla no se toca. - Ganó con una gorra: esa gorra no se lava. - Se cambió de lugar y perdieron: vuelve a su puesto. Remate: No es superstición. Es estrategia.

El papá lo lleva, el abuelo lo llevó y ahora le toca al hijo. Aunque quiera cambiarse de equipo, hay una conversación pendiente. Remate: En algunas familias, cambiar de equipo es asunto serio.

No importa que él no juegue. Si pierde su equipo, nadie le habla. Y si aparece un fanático rival celebrando, peor. Remate: El equipo perdió el juego. Él perdió la noche.

Con ese equipo se queda hasta el final. Gane, pierda, esté en primero o en último. Remate: Los resultados cambian. La lealtad no. Terminó el partido, pero el análisis apenas comienza.

Y aparece el celular para buscar la prueba. Remate: Nueve innings de juego. Dos horas de bochinche.

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