Problemas digestivos pueden estar ligados a emociones, según Andrea Valls
Andrea Valls, divulgadora de salud, explica que síntomas como hinchazón o dolor abdominal pueden estar relacionados con factores emocionales y psicológicos.
En el ámbito de la medicina, la palabra “inespecífico” se refiere a aquellos síntomas cuyo origen físico no puede determinarse con certeza, y que no permiten establecer un diagnóstico claro. Esta falta de especificidad es la característica común de los síntomas digestivos persistentes, que cada vez afectan a más personas sin un diagnóstico definitivo o con respuestas insuficientes, desde hinchaz, dolor abdominal, hasta gases, digestiones pesadas, fatiga o intolerancias alimenticias, según Andrea Valls, divulgadora especializada en salud y bienestar.
Valls señaló que experimentó estos trastornos personalmente y logró sobrevivir a ellos, adoptando un enfoque diferente al habitual, que no se centra únicamente en el diagnóstico, sino en comprender qué ocurre en el cuerpo y por qué. Después de años sufriendo problemas intestinales, esta experta convirtió su experiencia en un proyecto que actualmente acompaña a miles de mujeres hacia la recuperación de su bienestar, fundando Eclat Wellness, un centro de salud digestiva integral dedicado a la nutrición, la psicología y el deporte.
También es autora del libro “¿Qué puedo hacer si me duele la barriga?”, donde expone distintas herramientas para “entender tu cuerpo, transformar la incertidumbre en esperanza y recuperar la ilusión de vivir sin que todo gire alrededor de la comida”, lo que describe como “ese abrazo que tanto necesitó” cuando sufría problemas intestinales.
Muchas personas con trastornos digestivos acuden a consultas médicas y se someten a pruebas sin que surja un dictamen concluyente ni un tratamiento efectivo. Al descartarse la existencia de una afección orgánica, terminan asumiendo que estos síntomas son anecdóticos o “normales”, pero Valls está en desacuerdo con esa idea. Señala que estos síntomas, cada vez más comunes, se han convertido en un fenómeno extendido que afecta profundamente la calidad de vida, impactando en lo físico, emocional y social.
Valls explica que los problemas digestivos suelen ser multifactoriales, ya que pueden intervenir desequilibrios de la microbiota, inflamación crónica, infecciones, intolerancias, factores hormonales o metabólicos, entre otros. Además, insiste en que estos factores no actúan de forma aislada, sino interconectados, como parte de un sistema complejo.
Uno de los aspectos más relevantes en el enfoque de Valls es el eje intestino-cerebro, que canaliza una relación constante entre los sistemas digestivo y nervioso. Este eje está estrechamente relacionado con el hecho de que “el estrés crónico, la ansiedad o el miedo a la comida impacten en la digestión, alterando procesos como el tránsito intestinal, la secreción de enzimas o la sensibilidad al dolor”, asegura.
La relación entre intestino y cerebro también permite entender cómo “nuestro cuerpo puede reaccionar ante amenazas reales o imaginarias, generando síntomas incluso antes de ingerir alimentos”, y también posibilita comprender por qué “muchas personas experimentan empeoramiento en momentos de tensión o mejora en contextos de relajación”, según apunta.
Tanto las emociones como la hipervigilancia corporal influyen directamente en la salud digestiva y pueden amplificar los síntomas y perpetuar el malestar, de acuerdo con Valls. En ese sentido, señala que “el perfeccionismo o la necesidad de control son frecuentes en las personas con problemas digestivos, y que lejos de ayudarlas, estos patrones psicológicos aumentan la tensión interna y dificultan la recuperación”.



