Pueblo panameño preserva símbolos históricos tras devastador terremoto
Vecinos de La Villa de los Santos preservan restos de su patrimonio histórico tras el terremoto de 7,7 que destruyó la torre de su iglesia.
La Villa de los Santos, en el centro de Panamá, enfrenta el impacto del terremoto de magnitud 7,7 del pasado 9 de octubre, que dejó destrozos en su patrimonio histórico y otras estructuras. Los vecinos, con dolor y sensibilidad, recogen escombros de lo que consideran parte fundamental de la historia del país.
Fundada en 1569, La Villa de los Santos ocupa un lugar central en la historia panameña por haber sido escenario del Primer Grito de Independencia de España, el 10 de noviembre de 1821. Esa gesta le dio un valor simbólico duradero y la consolidó como cuna de la nacionalidad panameña en la memoria histórica.
El pueblo, como otros en la zona afectada, mantiene una planificación urbística típica de la etapa colonial española: una plaza principal presidida por una iglesia, rodeada de sedes municipales y una marquesina en medio bañada de blanco.
Sin embargo, es imposible acceder a la iglesia de San Atanasio debido a las grietas que se escurren por sus paredes y la pérdida del último nivel de la torre del campanario, que cayó sobre la calle durante el temblor. El historiador Manuel Moreno Arosemena, vecino y oriundo del lugar, comenta a EFE: “Fue un momento muy triste porque la iglesia es un símbolo (…) queremos mucho este templo por lo que representa sentimentalmente”.
Moreno, quien trabaja en uno de los edificios de la plaza, presenció el instante en que la torre se derrumbó. Para él, como el resto de los vecinos, el templo católico representa un símbolo patrio. Los oriundos decidieron resguardar las dos campanas en la casa parroquial, aseguran.
Mientras tanto, un pequeño grupo se agolpa sobre los restos de la iglesia para juntar las conchas relucientes que revestían las paredes de la torre. Son conscientes de que en el futuro las volverán a incrustar. El resto de las calles de La Villa de los Santos no se alejan del paisaje del corazón del pueblo, con casas rasgadas, techos caídos y fachadas colapsadas.
Sus calles centrales, consideradas patrimonio histórico nacional desde mediados del siglo XX, están compuestas de casas de quincha, la construcción tradicional de esa zona, caracterizadas por las tejas rojas ennegrecidas por la humedad y un pequeño patio delantero. Ahora, las estrechas vías están agolpadas por las tejas rotas, haciéndolas intransitables.
En una de ellas está el septuagenario Alberto Lara, nacido y criado en La Villa de los Santos. Está postrado en su puerta con una mano sobre la cabeza y la otra aguantando el marco. No puede adentrase más, tampoco quiere irse. La casa, asegura, tiene un centenar de años entre generaciones, pero ahora debe afrontar cómo arreglar el techo por el que entran los rayos del sol. “Nunca había sentido eso. Muy fuerte. La casita se vino abajo”, llora Lara con la cabeza gacha mientras recuerda lo vivido.
Según el primer balance oficial de los damnificados por el terremoto de 7,7 en Panamá, no hay víctimas fatales y apenas una treinta de heridos leves, además de más de 400 edificaciones dañadas en el país. En la provincia de Los Santos, a la que pertenece este pueblo y también Tonosí, una localidad próxima al epicentro del terremoto, se reportaron al menos 6 heridos leves, unas 300 personas evacuadas de una comunidad costera por el aumento del nivel del mar, además de 14 residencias, cinco hoteles, cuatro hospitales, 22 centros educativos y dos iglesias afectadas, entre otras edificaciones.
Durante la noche hubo más de un centenar de réplicas que no han dejado dormir a la población, acampada en parques o calles mientras la ayuda humanitaria está comenzando a distribuirse y las autoridades intentan reparar la caída de la electricidad. La Villa de los Santos tampoco durmió. Todos pensaban cómo van a reparar con fondos propios su iglesia.



