Sector arrocero advierte de desafíos para competir con EE.UU
Productores dominicanos alertan sobre altos costos, subsidios estadounidenses y limitaciones de financiamiento que ponen en riesgo la rentabilidad del cultivo.
Santo Domingo.-El sector arrocero dominicano advirtió que no está en condiciones de competir con Estados Unidos, debido a los altos costos de los insumos, las diferencias en los subsidios agrícolas y las limitaciones de financiamiento, una combinación que amenaza la rentabilidad del cultivo y plantea riesgos para otras actividades del campo.
De acuerdo con Marcos Rodríguez, presidente de la Federación Nacional de Productores de Arroz (Fenarroz), una mayor competencia de las importaciones, sin medidas que fortalezcan la producción local, podría debilitar una actividad de la que dependen entre 30,000 y 32,000 productores.
Además, alertó que las consecuencias se trasladarían a las plantaciones, ya que la avicultura y la ganadería utilizan subproductos del arroz en sus procesos productivos. “No podemos decir que somos competitivos”, planteó Rodríguez durante el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio.
Explicó que los estadounidenses también han fortalecido su producción durante el período de adaptación al Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-CAFTA). Reconoce que el problema es que los productores dominicanos han tenido que avanzar sin contar con el mismo nivel de apoyo que reciben los estadounidenses, mientras enfrentan mayores costos de producción y limitaciones para financiar sus operaciones.
En ese sentido, citó un informe en el que Estados Unidos atribuye subsidios agrícolas por US$13,800 millones y que los productores estadounidenses reciben apoyo por hectárea y disponen de diferentes modalidades de seguros que pueden cubrir tanto la inversión realizada como parte de los beneficios esperados cuando una cosecha resulta afectada.
Como ejemplo, explicó que una funda de fertilizante Triple 15, que costaba entre US$18 y US$22 hace dos o tres años, llegó a rondar los US$40. Rodríguez estimó que producir una libra de arroz en el país cuesta entre RD$24 y RD$26, una carga que, sumada a las diferencias de apoyo y productividad, reduce la capacidad de los agricultores para competir con el producto importado.
El presidente de Fenarroz explicó que el cultivo sostiene una red de actividades que incluye la avicultura, la ganadería y otros rubros agrícolas. Entre los subproductos aprovechados por esas actividades citó la paja de arroz, utilizada como cama en las instalaciones avícolas, y el afrecho, que se destina a la alimentación animal.
Advirtió que si el sector arrocero colapsara, las tierras actualmente dedicadas al cultivo podrían trasladarse a otras siembras. Dijo que una incorporación masiva de terrenos a rubros como plátano, yuca o batata podría generar una sobreoferta y presionar sus precios a la baja, perjudicando también a esos productores.
De su lado, Waskar Sigollén, secretario de la organización, destacó que cerca del 90 % de los productores agropecuarios dominicanos siembra superficies pequeñas, de entre 60 y 80 tareas o menos. Sostuvo que esta realidad limita su capacidad para generar garantías bancarias y acceder a los recursos necesarios para sembrar.
Sigollén explicó que muchos productores dependen de mantener activa su producción para sostener sus ingresos, por lo que una reducción de las oportunidades de comercialización tendría consecuencias directas sobre sus hogares. Asimismo, Juan Pablo Pérez, secretario general de Fenarroz, también consideró que las limitaciones económicas de los productores dominicanos les impiden contrarrestar los subsidios que reciben sus competidores estadounidenses.
Pérez aclaró que las solicitudes del sector no consisten en recibir recursos a fondo perdido, sino en obtener condiciones que les permitan producir y pagar sus compromisos. Advirtió que el financiamiento, por sí solo, no resolvería el problema si se mantienen las diferencias en los apoyos agrícolas.
La desaparición de productores concentraría la tierra y debilitaría cooperativas, factorías y empleos rurales. Las factorías dependen del suministro local y perderían viabilidad si la producción disminuye considerablemente.



