Tomás Bobadilla: acusado de colaborar en anexión a España
El político dominicano, clave en la separación de Haití, fue acusado de colaborar en la anexión a España en 1861, un episodio que marcaría su trayectoria política.
Tomás Bobadilla, figura histórica clave en la formación republicana de la República Dominicana, fue acusado de colaborar en la anexión del país a España en 1861. Aunque fue uno de los principales artífices de la separación de Haití, su trayectoria política se vio marcada por decisiones que generaron controversia.
Nacido en Neiba en 1785, Bobadilla perteneció a una generación anterior a la de los líderes revolucionarios como Duarte. No recibió formación universitaria, sino que se educó en el oficio de escribano y en el contacto cotidiano con el derecho y la administración. Desde 1811 desempeñó diversos cargos públicos, convirtiéndose en un actor fundamental en la vida política del país.
Su enfoque político fue distinto del de los revolucionarios. No pensaba la política desde la utopía, sino desde la experiencia de un mundo que ya conocía. Había servido a administraciones diferentes y vio cambiar las banderas sin que desaparecieran las dificultades del país. Su inteligencia era política: observaba las fuerzas en pugna, calculaba posibilidades y buscaba alianzas.
En los meses que precedieron al 27 de febrero de 1844, Bobadilla aportó experiencia política, relaciones sociales, autoridad entre los conservadores y conocimiento de la administración. La separación fue una convergencia entre quienes habían concebido la independencia y quienes podían convertirla en una operación política viable. Fue uno de los principales artífices de esa convergencia.
Su nombre aparece unido al Manifiesto del 16 de enero de 1844, documento fundamental de la separación. En 1847 declaró ante el Tribunado: «Yo fui el autor del manifiesto del 16 de enero». La historiografía ha recogido también otras atribuciones y ha señalado la participación de Francisco del Rosario Sánchez y otros protagonistas en la elaboración y difusión del documento. Más allá de la disputa por la autoría material, Bobadilla desempeñó un papel decisivo en la formulación política de la ruptura con Haití.
Proclamada la independencia, presidió la Junta Central Gubernativa desde el 1 de marzo de 1844. Pero la alianza comenzó pronto a resquebrajarse. Bobadilla favorecía la búsqueda de protección francesa y el proyecto de ceder la península y bahía de Samaná; Duarte y sus compañeros defendían una República plenamente soberana. Eran dos concepciones del país: una temía que la República no pudiera sostenerse sola; la otra advertía que una independencia condicionada podía terminar vaciándose de sentido.
El conflicto condujo a la salida de Bobadilla de la Junta en junio de 1844 y a su acercamiento a Pedro Santana, cuyo predominio militar crecía. Durante la crisis constitucional de aquel año, la incorporación del artículo 210 concedió al presidente facultades extraordinarias mientras durase la guerra y lo eximió de responsabilidad por las medidas adoptadas en ese ámbito.
La intervención de Bobadilla en aquella disposición ha sido señalada por historiadores, aunque sus circunstancias y autoría requieren distinguir entre las distintas versiones documentales. Su significado político, en cambio, resulta inequívoco: debilitó los controles constitucionales y facilitó la concentración del poder. Reconocer los méritos de Bobadilla no obliga a esconder sus errores; explicar no equivale a justificar.
Y llegó 1861. La Anexión a España constituye la contradicción más grave de su trayectoria. El hombre que había contribuido a separar el país de Haití aceptaba ahora una fórmula que sacrificaba la soberanía dominicana. Colaboró con el régimen anexionista y desempeñó funciones dentro de la administración española. Su temor al desorden y su desconfianza en la capacidad nacional para sostenerse por sí misma ayudan a entender aquella conducta, pero no la absuelven.
Durante la Guerra de la Restauración, Bobadilla permaneció vinculado al orden anexionista, contrario a la causa que buscaba recuperar la soberanía. La victoria restauradora de 1865 no borró esa contradicción, aunque tampoco significó su desaparición de la vida pública. Después de restablecida la República, colaboró con el gobierno de José María Cabral, prueba de que su experiencia administrativa continuaba siendo requerida por quienes dirigían el Estado.



