Alberto Rincón reafirma compromiso con la educación musical de jóvenes dominicanos
El director de Appassionato reflexiona sobre la importancia de la enseñanza musical y el futuro del proyecto en una entrevista en Berlín.
El 9 de octubre, Alberto Rincón volvió a celebrar una historia que comenzó mucho antes de la fundación de Appassionato. En el concierto de aniversario de la agrupación, dirigió las dos Romanzas de Beethoven con su hermano Antonio como solista, encuentro que recuperaba una tradición familiar de cinco generaciones de violinistas y rendía homenaje a su padre, Augusto Rincón, profesor durante 36 años del Conservatorio Nacional de Música.
La celebración también invitaba a examinar el futuro de un proyecto que ha hecho de la enseñanza su principal razón de ser. Rincón, que conoce la fragilidad de las iniciativas musicales dominicanas, plantea una aspiración que exige mucho más que buenos conciertos: “La verdadera madurez de Appassionato llegará cuando sus principios y su compromiso con la excelencia permanezcan, independientemente de quién esté en el podio”.
Rincón comenzó a estudiar violín a los cuatro años. Su formación transcurrió alrededor del Conservatorio y de distintas agrupaciones juveniles y profesionales. Algunas desaparecieron, pese al entusiasmo y al talento que las habían impulsado.
Aquellas experiencias influyeron en la concepción del Programa Sinfónico Appassionato. “Todas estas experiencias fueron formando en mí una convicción: nuestro país necesitaba proyectos musicales que no solamente nacieran con entusiasmo, sino que pudieran permanecer, crecer y continuar formando generaciones”.
El programa comenzó en una iglesia evangélica y luego continuó como iniciativa independiente. Con el tiempo desarrolló una metodología propia, una estructura de enseñanza progresiva y una orquesta juvenil capaz de abordar repertorio sinfónico exigente. La Fundación Soli Deo Gloria, las familias y distintos colaboradores han contribuido a sostener esa actividad.
El director identifica con claridad los obstáculos económicos, “sin embargo, después de tantos años dedicados a la formación de jóvenes, he comprendido que el mayor desafío no es solamente conseguir los recursos para realizar un concierto o participar en un festival internacional, sino garantizar que el trabajo de formación pueda continuar al día siguiente, y durante muchos años más”, afirma.
Berlín: reconocimiento, crítica y aprendizaje. Las dos visitas de Alberto Rincón al festival Young Euro Classic, en Berlín, permiten observar la evolución de su trabajo desde una perspectiva menos complaciente. En 2019 dirigió a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil; en 2024 regresó con la Filarmónica Appassionato Juvenil, una agrupación nacida de su programa independiente de formación.
Las críticas de Der Tagesspiegel fueron exigentes en ambas ocasiones. Frederik Hanssen, en 2019, señaló detalles en el balance orquestal y la construcción de las interpretaciones de Chaikovski, Falla y Dvořák, aunque reconoció la calidad del movimiento lento de la Sinfonía Del Nuevo Mundo. Ulrich Amling, en 2024, cuestionó la definición sonora de las cuerdas en el repertorio europeo, que incluía a Beethoven, Mozart y Chaikovski. Ambos testimonios coincidieron en registrar una acogida entusiasta del público a la música caribeña.
Rincón acepta parte de ese diagnóstico, aunque reclama que la evaluación considere las condiciones materiales y educativas de sus músicos. “Reconozco que siempre existen aspectos técnicos e interpretativos que mejorar, como la afinación, el balance entre las secciones y la construcción sonora. Lo que no comparto es que se juzgue toda una experiencia artística únicamente por sus dificultades, dejando de lado sus logros musicales, educativos y humanos. Respeto mucho el trabajo de la crítica, pero esta debe impulsarnos a crecer con respeto, humildad y conocimiento”.
En su respuesta introduce una circunstancia material significativa: “A esto se suma una realidad que pocas veces se conoce fuera de nuestro país: muchos de nuestros jóvenes interpretan obras de Beethoven, Dvořák o Chaikovski con instrumentos de estudio, incluso de nivel principiante, cuyas limitaciones técnicas y sonoras representan un desafío adicional”.
La música dominicana también forma parte de esa conversación. Rincón defiende su presencia junto al repertorio europeo: “Nuestra responsabilidad es formar músicos capaces de interpretar con rigor las grandes obras sinfónicas y, al mismo tiempo, compartir con orgullo la riqueza de nuestra música”. Su programa incluye obras y arreglos vinculados a compositores como Bienvenido Bustamante, Rafael Solano, Julio Alberto Hernández y Juan Luis Guerra.
La enseñanza constituye el núcleo de Appassionato: el proceso comienza con una evaluación individual y combina técnica instrumental, teoría, solfeo, música de cámara y práctica orquestal. Su director insiste en que la exigencia académica debe mantenerse también cuando existen limitaciones económicas.
“Nuestra metodología Appassionato comienza con una evaluación individual que nos permite identificar las aptitudes, habilidades y fortalezas reales de cada estudiante. A partir de ahí, integramos lo mejor de distintas escuelas y metodologías de enseñanza, mediante un proceso técnico progresivo, cuidadosamente estructurado, que procura no dejar vacíos en la formación”, sostiene.
Rincón afirma que el programa ha alcanzado a miles de estudiantes y que algunos continuaron estudios superiores en Europa y Estados Unidos. La aspiración educativa abarca también a quienes ejercerán otras profesiones. “No todos nuestros estudiantes serán músicos profesionales, y ese nunca ha sido nuestro único propósito”, explica, consciente que la disciplina de los ensayos, la responsabilidad individual y la colaboración dentro de la orquesta adquieren un valor que trasciende la carrera artística.
A veinte años vista, Rincón imagina una sede propia, más becas y una temporada estable. Pero su principal preocupación permanece ligada a la continuidad del proyecto: “En cuanto al futuro, no deseo que Appassionato dependa de mi presencia, por eso trabajamos en consolidar nuestra metodología, formar nuevas generaciones y preparar a quienes puedan asumir responsabilidades y continuar esta visión. Mi sueño no es que Appassionato sea recordada como la obra de Alberto Rincón, sino como una institución que, con la ayuda de Dios, permanezca para bendecir a muchas generaciones de dominicanos”.



