Domingo, 18 de octubre de 2026
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Dionisio Blanco: 'El arte para mí es como un sacerdocio'

El artista dominicano repasa 56 años de trayectoria, su formación y visión sobre el arte contemporáneo.

Dionisio Blanco en una exposición de su obra en una galería internacional.
Dionisio Blanco en una exposición de su obra en una galería internacional.

Dionisio Blanco, maestro de la plástica dominicana, repasa sus 56 años de trayectoria, su formación académica, la proyección internacional de su obra y su visión sobre el arte contemporáneo, la escultura y la inteligencia artificial.

Con más de cinco décadas dedicadas al arte, el artista habla de su oficio con la serenidad de quien ha hecho de la creación una forma de vida. Formado en San Cristóbal y luego en la Escuela Nacional de Bellas Artes, ha desarrollado una obra marcada por el dibujo, la pintura, la escultura y una profunda reflexión sobre la condición humana.

En esta entrevista, aborda sus inicios, sus influencias, la importancia de los sembradores en su obra, su relación con figuras del arte internacional y su visión sobre el momento actual de las artes visuales.

¿Cómo comenzó su viaje en las art, plásticas? El viaje ha sido largo, porque tengo 56 años en el arte. Ha sido un viaje agradable, porque he hecho lo que me gusta. Comencé en el liceo Pablo Claudio, de San Cristóbal, donde había formación en artes escénicas, música y pintura. También estudié música.

Luego pasé a la Escuela de Bellas Artes, donde comenzó mi formación académica. Esa formación es la que te ayuda a desarrollar una metodología para expresar tus ideas sobre la tela, el papel o mediante la escultura, trabajando con figuras tridimensionales.

¿Cómo fue el proceso que lo llevó a interesarse especialmente por el dibujo? Siempre me interesó más el dibujo que otras disciplinas, porque lo veía como una entidad completamente diferente de la pintura. En mi primer año fui ayudante de Pedro García de Villena, quien formó varias generaciones de artistas y era un excelente dibujante.

Después asistí a las clases de dibujo natural del maestro Jaime Colson, de quien fui discípulo. Estar cerca de él me permitió aprender mucho desde el punto de vista intelectual. Colson había sido amigo de Pedro Henríquez Ureña, quien lo llevó a México. Esas relaciones y las personas que estuvieron cerca de mí contribuyeron a mi formación.

También conocí a Andrés Avelino, quien era amigo de mis padres. Además de su formación intelectual, pintaba. Él me orientó sobre las lecturas que debía hacer a mi edad, con la autorización de mi padre.

Así comencé a conocer a los griegos, después a los romanos y más adelante las expresiones culturales de Francia, Alemania y Egipto. Todo eso contribuyó a ampliar mi visión.

¿Qué importancia tuvieron los viajes y el contacto con artistas internacionales en su desarrollo? Llegó un momento en que comenzaron los viajes y las exposiciones en Nueva York. Allí conocí a García Cisneros y al pintor cubano Agustín Fernández, quien fue muy amigo de André Breton y vivió en París durante la época en que se desarrollaba el movimiento surrealista.

También conocí a Fernando Botero, que era muy amigo de García Cisneros. Este último tenía una publicación llamada “Noticias de Arte”, que circulaba en las galerías de Nueva York y en la que también aparecieron trabajos sobre mis exposiciones.

Posteriormente coincidí con Botero en París, cuando exponía en la galería Du Dragon, vinculada a su esposa. Recuerdo que en una de aquellas exposiciones estuvo presente el presidente de Colombia para apoyar al artista. Aquello me pareció muy significativo, porque cuando un creador presenta su obra fuera de su país también está representando a su nación. He recibido entrevistas de medios internacionales y expuse en la galería Vanidades, de Miami, que también publicó trabajos sobre mi obra en su revista.

Esas experiencias me permitieron conocer a muchas personas importantes dentro del mundo del arte.

Su obra forma parte de colecciones internacionales. ¿Qué representa para usted esa presencia fuera de República Dominicana? Tengo obras en Israel, a partir de una exposición que realicé allí en 1994. Conocí a Harry Recanati, propietario del museo, quien posteriormente desarrolló otros espacios museísticos. También he tenido presencia en diferentes ciudades y colecciones internacionales, y he expuesto en Atlanta. Para mí, lo más importante es representar a mi país. Siempre he pensado que soy dominicano de pura cepa y que los dominicanos debemos aspirar a lo mejor. Que una obra mía forme parte de un museo constituye una gran distinción, porque la obra habla por sí sola y expresa lo que uno piensa.

Una de sus creaciones más reconocidas es la serie de los sembradores. ¿Qué representa esa figura dentro de su universo artístico? Siempre he pensado que la siembra de la semilla es una metáfora de la vida. En la mayoría de mis cuadros no muestro el rostro de los personajes, porque considero que hay que dejar una incógnita al espectador. Cuando realicé mi primera exposición sobre ese tema, titulada “Imágenes de sembradores sobre la tierra dormida”, quería transmitir un mensaje a través de esas figuras. Esa obra obtuvo el Premio Nacional de Artes Visuales en 1984.

Recuerdo que el poeta ruso Yevgueni Yevtushenko vio mi trabajo y expresó una interpretación muy parecida a lo que yo había querido comunicar, sin que se lo explicara previamente. Incluso escribió sobre mi obra. Cuando utilizo la metáfora de la tierra dormida, busco que las personas reflexionen.

Es una metáfora paradójica, vinculada al surrealismo, porque relaciona lo verosímil y lo absurdo con la realidad. De esa manera se crea una especie de código que puede permanecer en el inconsciente colectivo. La imagen se va multiplicando y adquiere nuevos significados.

Su obra ha alcanzado reconocimiento y valoración en el mercado. ¿Continúa trabajando con la misma intensidad? Claro que sí. El arte para mí es como un sacerdocio. Uno tiene que seguir creando mientras pueda. El arte no muere, siempre está vivo.

¿Cómo observa actualmente las artes plásticas dominicanas y el relevo generacional? Hay personas que se inclinan por una ruptura completa y olvidan que la historia del arte es una cadena formada por muchos eslabones. Algunos quieren romper esa cadena con todo lo anterior. Hemos visto situaciones de ese tipo, incluso en la pasada Bienal, con la controversia de la palmita.

Considero que el presidente del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos, Joel Gonell, ha sabido manejar esas situaciones con altura y defender principios fundamentales. Estoy de acuerdo con el arte contemporáneo, pero considero que detrás de un artista contemporáneo debe existir una formación sólida, preferiblemente académica.

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