Lula se prepara para segunda vuelta en Brasil tras 45% en primera
El exmandatario brasileño Lula da Silva, acusado de corrupción, se enfrenta a la segunda vuelta electoral en el país tras obtener 45% de los votos en la primera ronda.
São Paulo.- El exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, acusado de corrupción, se prepara para la segunda vuelta electoral en el país tras obtener 45% de los votos en la primera ronda, el 4 de octubre. El líder de la izquierda necesita remontar dos puntos para superar al opositor Flávio Bolsonaro y lograr un cuarto mandato.
Si logra ganar, será el segundo presidente que más tiempo ha gobernado Brasil, con 16 años de mandato, y también el más viejo. Aunque su edad no ha sido un tema de debate público, Lula ha destacado su energía y compromiso con las políticas sociales durante su campaña.
En los mítines de campaña, Lula intercambia palabras de amor con su esposa, Janja da Silva, se mueve con agilidad por el escenario y habla con convicción. A veces explica su silueta enjuta: dos horas diarias de gimnasia al despertar. “Físicamente, estoy mejor que cuando tenía 60”, se enorgullece, tras haber finalizado en junio una serie de sesiones de radioterapia para tratar un cáncer de piel.
Lula asegura que lo que le motiva cada mañana es un compromiso con las clases populares, de las que él mismo proviene. Nació en el nordeste pobre y árido, se mudó a los suburbios de São Paulo y empezó a trabajar como tornero mecánico antes de convertirse en uno de los principales líderes sindicalistas durante la dictadura militar.
En el acto de lanzamiento de su campaña en agosto, llenó de seguidores el estadio donde lideró las huelgas de los años 80, un emotivo homenaje a la lucha sindical y a sí mismo. Su ascenso desde un muchacho pobre hasta la Presidencia en 2003 desafió y sigue desafiando toda lógica en uno de los países más desiguales del mundo.
Lula promovió durante sus tres mandatos presidenciales (2003-2006, 2007-2010 y 2023-2026) una política social orientada a mejorar las condiciones de vida de las clases populares. El programa Bolsa Familia, creado durante su primer mandato, ayudó a sacar a millones de personas de la pobreza y hoy beneficia a una cuarta parte de la población brasileña.
Ahora impulsa una reforma laboral para establecer un máximo de cinco días de trabajo por semana, en lugar de los seis actuales. “Quiero que el pueblo suba un escaloncito social cada año, transformar Brasil en un país de clase media”, afirmó en una entrevista reciente.
Además de la reforma laboral, Lula menciona cada vez más el empoderamiento de las mujeres, la lucha contra el feminicidio y la necesidad de “reeducar” a los hombres. Su segunda causa, dice, es evitar la vuelta de la ultraderecha, cuya más reciente reencarnación es Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, que perdió la Presidencia en 2022 frente a Lula.
Aunque Jair Bolsonaro cumple una condena a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado, el líder progresista sigue agitando el miedo al autoritarismo para tratar de imprimir un sentido de urgencia entre los electores. “La extrema derecha siempre va a trabajar con la perspectiva de dar un golpe”, ha llegado a decir.
El desempleo está bajo y la inflación controlada, pero las altas tasas de interés han creado un problema de endeudamiento para muchas familias y la economía se encuentra en una fase de desaceleración. Además, la corrupción, la nube negra que pesa sobre el líder progresista desde el escándalo de la Lava Jato, amenaza su candidatura.
El hijo mayor de Lula, Fábio Luís da Silva, es investigado por sus conexiones con cabilderos que hacían contratos con el Gobierno y algunos de sus aliados se han visto salpicados por el fraude del Banco Master. Con todo, Lula afirma no imaginar un escenario de derrota y en público derrocha optimismo porque, como él dice, “solo envejece quien no tiene causa”.



