Lunes, 2 de noviembre de 2026
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Medicina interna clave en cuidado integral del atleta

La medicina interna se convierte en pilar fundamental en la atención del deportista, según especialista de Cedimat.

Atleta durante una sesión de entrenamiento en una instalación deportiva.
Atleta durante una sesión de entrenamiento en una instalación deportiva.

El auge del deporte y la actividad física ha traído consigo una mayor conciencia sobre la importancia del cuidado médico en el atleta. Frecuentemente, al pensar en la salud deportiva, las primeras disciplinas que acuden a nuestra mente son la cardiología y la ortopedia.

Para Anahí B. Goicochea, médica internista y coordinadora médico de Proyectos de la Dirección Médica de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), es natural asociar el rendimiento con un corazón fuerte capaz de resistir el esfuerzo y unas articulaciones libres de lesiones. Sin embargo, el cuerpo humano es un sistema profundamente interconectado y complejo.

Con la próxima apertura de la Clínica del Deportista, espacio integral que reunirá a expertos en cardiología, ortopedia, rehabilitación, nutrición y más, surge la oportunidad para destacar un pilar fundamental que sostiene y enlaza toda esta estructura: la medicina interna.

Históricamente, la figura del médico internista ha estado asociada al tratamiento de enfermedades complejas, pero en el ámbito deportivo, su rol es el de un verdadero director de orquesta. Existe el mito generalizado de que una persona con una excelente condición física o una musculatura desarrollada goza, por defecto, de un estado de salud orgánico impecable. La especialista dijo que esta falsa sensación de seguridad puede llevar a descuidar el terreno metabólico.

El deporte, en especial cuando se practica con intensidad o rigor constante, somete al organismo a un nivel de estrés fisiológico significativo. Por ello, el abordaje del deportista no debe limitarse a tratar la lesión mecánica o confirmar que el corazón tolera la carga; requiere una vigilancia preventiva exhaustiva del medio interno.

“El atleta debe acudir a la consulta de medicina interna como punto de partida ineludible para su chequeo preventivo, así como ante la aparición de cualquier síntoma inusual”, apunta.

Un deportista que experimenta una caída repentina en su rendimiento, una fatiga que no desaparece con el descanso, dolores de cabeza o alteraciones en la digestión, no necesariamente enfrenta un simple problema de sobre entrenamiento. Frecuentemente, estos signos son la punta del iceberg de alteraciones sistémicas que sólo un escrutinio clínico profundo y holístico puede revelar.

La galena refiere que uno de los escenarios más comunes que evalúan desde su especialidad es el desgaste de las reservas de nutrientes esenciales. El oxígeno es el combustible primordial para el movimiento, y su transporte eficiente depende directamente de la calidad de la sangre. Es bastante frecuente encontrar deportistas que, debido a la altísima demanda física de sus entrenamientos, desarrollan deficiencias severas de hierro.

Explica que esta falta de hierro puede progresar silenciosamente hacia una anemia, una condición que merma drásticamente la capacidad aeróbica, apaga la energía vital y prolonga de manera peligrosa los tiempos de recuperación. Una evaluación preventiva oportuna identifica estos déficits nutricionales antes de que se conviertan en un obstáculo clínico, permitiendo intervenciones precisas que devuelven al atleta a su estado óptimo.

Asimismo, el metabolismo de un atleta se encuentra en un estado de constante adaptación. Goicochea describe que el estrés del entrenamiento intenso, sumado a los regímenes nutricionales y físicos que demanda cada disciplina, provoca cambios medibles en los estudios de laboratorio. Los órganos que actúan como los grandes filtros y procesadores del cuerpo se esfuerzan para manejar el impacto del ejercicio y la nutrición orientada al rendimiento. Para un ojo no entrenado, ciertas alteraciones en las analíticas de sangre podrían parecer alarmantes, o por el contrario, ser desestimadas erróneamente.

El médico internista posee la experiencia para discernir de manera certera entre los cambios transitorios y normales producidos por el estrés del ejercicio, y aquellos valores que verdaderamente señalan una sobrecarga orgánica que requiere corrección inmediata. La filosofía detrás de un cuidado óptimo entiende que los pacientes no son compartimentos estancos; no son exclusivamente de cardiología, de ortopedia o sólo de medicina interna.

Los pacientes, independientemente de su especialidad de origen o disciplina deportiva, son un todo integrado. Aclara que un atleta requiere una evaluación sistémica porque un dolor articular crónico podría estar influenciado por un estado inflamatorio generalizado, y una falta de aire recurrente podría no ser un problema pulmonar, sino una anemia.

Es labor del internista conectar esos puntos que a simple vista parecen aislados, interpretando lo que el cuerpo expresa en su totalidad. Sostiene que “la verdadera ventaja y el salto de calidad que representa la creación de una Clínica del Deportista radica en la comunicación fluida, constante y sin barreras entre las especialidades”. Mientras que la evaluación cardiológica y las pruebas de esfuerzo son pasos innegociables para garantizar la seguridad.

En este nuevo modelo de trabajo, el internista colabora estrechamente con el departamento de nutrición para traducir los hallazgos clínicos en planes alimenticios que repongan lo que el esfuerzo ha consumido. Al mismo tiempo, trabaja de la mano con el equipo de rehabilitación para asegurar que el cuerpo esté en condiciones óptimas para sanar y recuperarse de manera eficiente.

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