Sábado, 24 de octubre de 2026
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Santiago alberga múltiples espacios para bailadores de son

La ciudad cibaeña conserva una rica tradición del son, con espacios como el Museo del Son y diversos encuentros en barrios históricos.

Museo del Son en Santiago de los Caballeros, espacio dedicado a preservar la historia del son dominicano.
Museo del Son en Santiago de los Caballeros, espacio dedicado a preservar la historia del son dominicano.

La ciudad de Santiago de los Caballeros alberga diversos espacios dedicados al son, un género musical que ha sido parte fundamental de su identidad cultural. Entre ellos se cuentan el Museo del Son, el Son de Kiwa, el Son de Camboya y el Son de Gurabo, entre otros, que mantienen viva la tradición del ritmo en la vida cotidiana de la población.

Los barrios La Joya y Baracoa son fundamentales en el relato histórico de la presencia del son en la ciudad. Según la documentación del arquitecto Fausto Enrique Domínguez, conocido como Kiwa, el género musical comenzó a escucharse en Santiago durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente en los establecimientos de esos sectores.

El son representa una parte esencial de la memoria de Santiago, presente en sus encuentros comunitarios, espacios de música y en las personas que dedican su vida a mantener viva esta expresión cultural. Kiwa relaciona su expansión con la llegada de influencias cubanas al país y con los intercambios culturales entre ambos territorios.

La historia del son dominicano, según Kiwa, debe comprenderse dentro de su relación con Cuba, especialmente con Santiago de Cuba, que le atribuye un papel esencial en su origen y desarrollo. La presencia de varios encuentros soneros durante los fines de semana ha llevado a sus defensores a considerar a Santiago como una ciudad con una estrecha relación con el son.

El Museo del Son es uno de los espacios dedicados a preservar esta historia. Allí se propone un recorrido que conecta a Santiago con sus raíces musicales, conservando fotografías, documentos, referencias históricas y testimonios que permiten a las nuevas generaciones conocer esta tradición.

La presencia del son no se limita al museo. Kiwa identifica distintos encuentros que reúnen a bailadores y aficionados en varios puntos de Santiago. Entre ellos menciona el Son de Kiwa, el Son de Camboya y el Son de Gurabo, así como el Son de Keka, el Son de La Barranquita y el encuentro de Cienfuegos, en el parque San Lorenzo.

Estas actividades, distribuidas principalmente entre sábados y domingos, forman parte de una dinámica comunitaria en la que la música funciona como punto de encuentro entre personas de distintas edades. Detrás de estos espacios hay una forma de convivencia que va más allá del baile, permitiendo compartir experiencias, fortalecer vínculos entre vecinos y mantener una tradición que encuentra en la participación popular una de sus principales formas de continuidad.

Para Kiwa, la cantidad de personas que acuden a estas actividades constituye una señal del arraigo del son en Santiago y de su potencial para enriquecer la oferta cultural y turística de la ciudad. Sin embargo, el promotor considera que todavía falta mayor respaldo institucional para que esta tradición alcance una proyección constante.

Aunque el museo ha recibido visitantes extranjeros y personas interesadas en conocer su historia, aspira a que las visitas sean organizadas de manera regular. Su propuesta incluye recorridos guiados, explicaciones históricas, demostraciones de baile y materiales informativos para estudiantes, turistas y grupos culturales. La intención es convertir el museo en una parada habitual dentro de las rutas de turismo cultural de Santiago.

En ese sentido, Kiwa hace un llamado al Ministerio de Cultura, al Ministerio de Turismo y a los ayuntamientos para que apoyen la conservación y promoción de estos espacios. Considera que una mayor colaboración permitiría fortalecer el museo, organizar visitas educativas, difundir la historia del son y ofrecer mejores oportunidades a quienes sostienen esta tradición.

Para sus impulsores, reconocer a Santiago como una ciudad vinculada profundamente al son también implica proteger los lugares, las memorias y las comunidades que le dan vida. El desafío es lograr que ese legado no dependa únicamente del esfuerzo de sus promotores o público, sino que encuentre respaldo institucional y continuidad para las próximas generaciones.

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