Trabajar en un entorno tóxico puede afectar la salud mental
La psicóloga Ana Mirtha Vargas explica cómo el estrés laboral prolongado puede derivar en trastornos psicológicos y afectar la vida personal de los empleados.
La exposición prolongada al estrés laboral puede asociarse con ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, irritabilidad, agotamiento emocional, burnout y desencadenar en el desarrollo de algunos trastornos psicológicos, según la psicóloga clínica Ana Mirtha Vargas.
El salario es, en la mayoría de los casos, el principal factor que un empleado toma en cuenta a la hora de buscar un empleo. Sin embargo, cuando el ambiente laboral se torna hostil, puede que el dinero no compense el desgaste emocional del colaborador.
La firma especializada en soluciones de gestión del talento y recursos humanos, LHH, explica que en entornos donde no hay confianza, respeto ni comunicación se crea un grupo que clasifica como “activamente desvinculados”, que representan hasta el 18% de la fuerza laboral. Estos empleados carecen de confianza en sus líderes y no invierten esfuerzo en el éxito colectivo.
A largo plazo, este tipo de ambientes deriva en altas tasas de rotación o termina reteniendo a talento frustrado que contagia negativamente el clima laboral y el servicio. Aun bajo un clima laboral poco saludable, el empleado puede resistirse a renunciar a su trabajo.
La psicóloga señala que cuando entran en conflicto la necesidad de seguridad financiera con la salud mental, muchas personas eligen la sensación de seguridad que le proporciona el dinero, a costa de su paz. Las responsabilidades familiares, compromisos adquiridos, el temor a perder el estatus adquirido y la incertidumbre de no poder seguir adelante son algunos de los puntos que entran en juego cuando el empleado piensa en renunciar.
No obstante, la especialista sostiene que un salario adecuado puede proporcionar ciertas comodidades, oportunidades y tranquilidad financiera, pero no necesariamente compensa el precio colateral que este puede provocar. La exposición prolongada al estrés laboral puede asociarse con ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, irritabilidad, agotamiento emocional, burnout y desencadenar en el desarrollo de algunos trastornos psicológicos, según Vargas.
En psicología se habla del burnout o síndrome de desgaste ocupacional, asociado al estrés laboral crónico que no se ha manejado satisfactoriamente. Recientemente, la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril) incluyó este síndrome dentro del Seguro de Riesgos Laborales (SRL), así como los cuadros depresivos, agotamiento laboral y los trastornos no orgánicos del sueño.
De acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los entornos de trabajo inseguros crean factores de riesgo para la salud mental. Estos se conocen como riesgos psicosociales y pueden estar relacionados con cualquier aspecto del diseño o la gestión del trabajo, incluidas las exigencias y el control del trabajo, la carga de trabajo y el ritmo de trabajo, la cultura organizativa, el desarrollo de la carrera profesional, la seguridad en el trabajo, la relación interpersonal en el trabajo y la interfaz hogar-trabajo.
Consultada sobre qué señales indican que una persona está experimentando un desgaste emocional importante, la psicóloga Ana Mirtha Vargas asevera que esto surge poco a poco. Frecuentemente, comienza con pequeños cambios que pasan desapercibidos o se eligen ignorar.
Cansancio persistente, incluso después de descansar. Ansiedad los domingos o angustia antes de comenzar la jornada. Insomnio, dolores de cabeza, tensión muscular o molestias digestivas. Irritabilidad, llanto frecuente o poca tolerancia a lo que podría considerarse tonterías. Desmotivación, dificultad para concentrarse, frustración y sensación de fracaso. Aislamiento social y pérdida de interés por actividades que anteriormente disfrutaba. Sentimiento de acorralamiento, sin alternativas.
Una señal particularmente preocupante aparece cuando la persona deja de reconocerse: antes era entusiasta, sociable y creativa, pero ahora vive a la defensiva, agotada o emocionalmente desconectada, según la psicóloga clínica.
La psicóloga explica que una persona sometida a tensión constante en su trabajo puede llegar a casa sin paciencia para conversar con su pareja, atender a sus hijos, disfrutar de sus amistades o simplemente descansar. Usualmente se descargan las frustraciones con quienes menos se merecen o quienes no se pueden defender.
También pueden aparecer conflictos de pareja, distanciamiento afectivo, dificultades en la intimidad y sentimientos de culpa por no estar emocionalmente disponibles. Existe un desbordamiento del estrés laboral hacia la vida familiar, haciendo que las experiencias negativas del trabajo afecten las relaciones fuera de él, sostiene la profesional.
Encontrar una solución a esta problemática no es una tarea sencilla, ya que no solo se trata de renunciar a un puesto de trabajo, sino a un estilo de vida. Vargas indica que no se puede recomendar que alguien se desvincule de algún trabajo sin considerar el impacto de esta decisión.
Lo que sí recomienda es profundizar en todas las posibilidades de que el ambiente pueda mejorar, establecer límites, elaborar un plan y buscar apoyo. No todo empleo bien remunerado representa una buena oportunidad, así como no todo sacrificio constituye una inversión en nuestro futuro. Desde la dimensión espiritual, es necesario recuperar espacios de conexión, silencio, gratitud y presencia consciente. Es importante lograr el balance entre la disponibilidad emocional, poder llevar nuestra presencia, afecto a la vez que se proporcionan los recursos económicos para mantener los compromisos, concluye.



