Santiago reúne a expertos para diseñar el futuro magnético del Cibao
Expertos en planificación urbana se reunieron en Santiago para analizar cómo convertir a las ciudades del Cibao en nodos dinámicos y conectados.
Para Rafael Emilio Yunen, experto en planificación urbana, la paradoja del crecimiento es evidente: donde crece la inversión, la construcción y la economía, también crecen las vulnerabilidades. Ante el pujante crecimiento de la ciudad Corazón, expertos en planificación urbana, arquitectura y desarrollo de proyectos se reunieron en Santiago para realizar el foro “Ciudades magnéticas y distritos vibrantes: diseñando el futuro del Cibao”.
Desde la firma global de diseño y arquitectura Gensler, el Grupo Estrella, la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y el experto en planificación, se discutieron distintas perspectivas para consolidar a Santiago y a toda la región del Cib de manera integrada.
Yunen señaló que cuando pensamos en las ciudades del Cibao, solemos ver esta región como un conjunto de divisiones y puntos sobre un papel. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en el motor oculto que pone a funcionar la región como una red viva que hace posible todo lo que en ella se produce y se construye.
“Quisiera comenzar recordando que una región no solamente se inventa y se aprueba por ley. Una región se reconoce, se construye y se fortalece a partir de las relaciones establecidas en el territorio por sus ciudades y comunidades, es decir, por sus personas, sus instituciones y sus actividades económicas”, dijo el experto.
Por eso, “Santiago no es solo, Santiago funciona porque es Santiago y también por medio de sus relaciones con Moca, La Vega, San Francisco de Macorís, Puerto Plata y otras ciudades intermedias, al igual que con los territorios rurales, que sostienen gran parte de su economía, su mercado laboral y su sistema ambiental. Sin embargo, muchas de nuestras decisiones continúan tomándose dentro de límites administrativos, que la realidad económica supera todos los días por medio de flujos supramunicipales y supraprovinciales”.
Puntualizó que ahí es justo donde aparece una de nuestras mayores sombras. “Hemos avanzado más en la delimitación de regiones que en su gobernanza. Tenemos mapas regionales, pero todavía no contamos con mecanismos suficientemente eficaces para coordinar decisiones entre municipios, sectores productivos, infraestructuras estratégicas y ecosistemas compartidos”.
Explicó que se ha regionalizado el territorio en los documentos, pero todavía no se ha regionalizado adecuadamente la toma de decisiones, y eso tiene consecuencias visibles. Muchos proyectos exitosos individualmente terminan produciendo efectos colectivos que nadie deseaba.
“Una urbanización puede ser un éxito inmobiliario, un centro comercial puede ser un éxito financiero, una carretera puede ser un éxito de conectividad. Pero cuando todos esos proyectos se desarrollan sin una visión territorial compartida, pueden aparecer congestión, presión ambiental, desequilibrios de todo tipo y nuevas desigualdades territoriales”, indicó el experto en planificación.
Para Yunen la paradoja del crecimiento es evidente, donde crece la inversión, la construcción, la economía, también crecen las vulnerabilidades. Por eso, el desafío no es simplemente crecer, es crecer inteligentemente.
Estableció que la principal lección de medio siglo de esfuerzos de regionalización ya llegó. “En el siglo XX nos preocupaba dónde construir. En el siglo XXI debemos preocuparnos por las consecuencias territoriales de lo que construimos”, el verdadero desafío ya no solo consiste en hacer crecer interna y externamente una ciudad, sino también en construir mejores relaciones dentro de la ciudad y entre ciudades, territorios y oportunidades.
“Por eso, la pregunta ya no es únicamente cómo hacer crecer nuestras ciudades. La verdadera pregunta es cómo convertirlas en ciudades magnéticas que son como nodos capaces de articular redes urbanas, económicas, ambientales, y sociales que multipliquen oportunidades dentro y fuera de sus propios límites”, preguntó.
”Las ciudades no se convierten espontáneamente en ciudades dinámicas, se convierten en ciudades magnéticas mediante procesos deliberados de planificación y de gestión. La planificación que necesitamos no puede limitarse a ordenar el crecimiento urbano. También debe organizar relaciones territoriales, estratégicas dentro y fuera del entorno urbano. Por eso, desde la óptica del planificador, el reto no es solo cómo crece una ciudad, sino también cómo se relaciona esa ciudad con las demás y con los territorios de los que depende su futuro”, afirmó Rafael Emilio.
El catedrático puntualizó que las ciudades más dinámicas no necesariamente son las más grandes, son las que logran insertarse en redes capaces de potenciar sus ventajas y ampliar sus oportunidades, y es por esto que sigue teniendo sentido hablar de nodos de innovación y desarrollo sustentable.
”Una verdadera ciudad magnética genera conexiones, difunde oportunidades, fortalece otros territorios y contribuye al desarrollo de la región que la rodea. El desafío ya no consiste únicamente en fortalecer ciudades tipo en clave, aisladas del resto de todos, consiste en construir redes urbanas conectadas por movilidad, conectividad, cadena productiva, conocimiento e innovación. Y todo esto exige superar otra falsa dicotomía, que es la supuesta separación entre ciudad y campo”, enfatizó.
Destacando que todo esto requiere nuevas formas de gobernanza. No necesariamente más burocracia, sino más cooperación, más articulación y más capacidad de actuar colectivamente.



