Jueves, 22 de octubre de 2026
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Salud

Vómitos, confusión y dolor de cabeza: síntomas que alertan tras un golpe en la cabeza

Un neurocirujano destaca síntomas que pueden persistir tras un traumatismo craneal y cuándo buscar atención médica.

Imagen ilustrativa de un paciente en consulta médica.
Imagen ilustrativa de un paciente en consulta médica.

Aunque el golpe parezca cosa del pasado, algunas molestias pueden continuar. Un neurocirujano explica qué síntomas vigilar y cuándo buscar ayuda.

Imagina un teléfono que cae al suelo y continúa funcionando con normalidad. A simple vista, parece que no ha sufrido ningún daño; sin embargo, algunos de sus componentes internos podrían haberse afectado. Algo similar puede ocurrir con el cerebro después de un traumatismo craneal.

Los traumatismos craneales pueden tener secuelas a largo plazo, aunque la persona haya retomado sus actividades habituales y aparente haberse recuperado por completo, así lo advirtió el neurocirujano Edgardo Mateo.

“A veces vemos que una persona vuelve a caminar, conversar y trabajar, y asumimos que todo quedó atrás. Sin embargo, ella puede sentir que le cuesta más concentrarse, que se cansa con facilidad o que su memoria ya no responde igual”, expresó Mateo a El Nacional.

Aunque la mayoría de las personas que sufren traumatismos craneales leves se recupera satisfactoriamente, el médico precisó que algunos pacientes necesitan más tiempo y acompañamiento para superar las dificultades asociadas con la lesión.

En ese sentido, insistió en que los testimonios de quienes experimentan cambios después de un golpe deben ser escuchados y evaluados. “Verse bien y sentirse recuperado no siempre van de la mano. Por eso, cuando un paciente nos dice “desde aquel golpe no me siento igual”, debemos escucharlo con atención” destacó.

Mateo indicó que entre las manifestaciones que pueden persistir después de un traumatismo craneal figuran los dolores de cabeza, mareos, alteraciones del sueño, cansancio, olvidos y dificultades para mantener la concentración.

También pueden presentarse irritabilidad, ansiedad y cambios de ánimo, síntomas que, según explicó, deben recibir atención cuando interfieren con las actividades cotidianas.

Advirtió que la aparición de síntomas nuevos tras varios años sin molestias requiere una investigación médica para determinar su origen, sin atribuirlos automáticamente a un traumatismo antiguo.

El neurocirujano también llamó a reconocer las señales de alarma que requieren atención inmediata en un servicio de emergencias, entre ellas el dolor de cabeza que empeora, los vómitos repetidos, la dificultad para despertar, la confusión, las convulsiones y la pérdida de fuerza o los problemas para hablar o caminar.

Advirtió, además, que algunos sangrados intracraneales pueden manifestarse tiempo después de un golpe aparentemente menor, especialmente en adultos mayores y personas que toman medicamentos anticoagulantes.

Al cuestionarle sobre las consecuencias de los impactos repetidos en la cabeza, el galeno sostuvo que la exposición acumulada puede aumentar el riesgo de dificultades duraderas relacionadas con la memoria, la concentración y otras funciones cerebrales.

“Un impacto no necesita dejar a la persona inconsciente para ser relevante: algunos golpes pasan casi inadvertidos, pero forman parte de una exposición que se acumula con el tiempo”, puntualizó el primer neurocirujano seleccionado y egresado tanto de la especialidad de Neurocirugía como de la alta especialidad en Cirugía de Base de Cráneo y Endoneurocirugía del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez (INNN), en México.

En cuanto al manejo de los traumatismos craneales, el neurocirujano recomendó no minimizar las molestias posteriores a un golpe y procurar una valoración médica que permita determinar la gravedad de la lesión, identificar posibles complicaciones y establecer qué síntomas requieren seguimiento.

Explicó que, después de una conmoción cerebral, suele recomendarse un período inicial de descanso relativo de uno o dos días, seguido de una reincorporación gradual a las actividades, de acuerdo con la tolerancia del paciente y las indicaciones médicas.

También aconsejó priorizar el descanso nocturno y evitar nuevos impactos, especialmente antes de regresar a los deportes de contacto.

Si los síntomas empeoran o no muestran mejoría en un período de dos a tres semanas, indicó que es necesario realizar una nueva evaluación.

El especialista destacó que los familiares pueden desempeñar un papel importante en la identificación de cambios que el propio paciente quizá no advierta o no comunique con facilidad.

Por ello, aconsejó acompañar a las personas afectadas sin restar importancia a sus molestias y procurar que reciban la atención adecuada cuando surjan dificultades persistentes.

“Nuestro objetivo es que la persona vuelva a sentirse segura, capaz y dueña de su vida”, expresó el Dr. Mateo, miembro fundador del primer Centro de Excelencia Pituitaria (PCOE) del INNN.

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